Antecedentes de soberanía chilena de las islas Desventuradas (San Félix, San Ambrosio) e isla Salas y Gómez, incluso de antes de la independencia

En respuesta al reclamo de algunos bolivianos sobre las islas San Félix, San Ambrosio y Salas y Gómez, les comparto la siguiente página del «Compendio de la historia geográfica, natural y civil del reyno de Chile», de Juan Ignacio Molina en 1776 en donde se mencionan como chilenas.

Texto de 1776 sobre «Islas Chilenas».

El excandidato boliviano Chi Hyun Chung dijo que las islas pertenecían a Bolivia sin fundamentos. Una noción que proviene del artículo de Juan Chávez Alanoca en el cual habla de islas entre los paralelo 23° y 24° y las menciona junto a otras que sí están en aquellas latitudes, en la costa de la península de Mejillones, y por tanto reconocidas como chilenas por Bolivia en el Pacto de Tregua de 1884 y el Tratado de Paz y Amistad de 1904 entre Chile y Bolivia.

Sin embargo las 3 islas se encuentran al sur del grado 26, y los reclamos bolivianos sobre la costa antes del tratado de 1866 no bajaron más allá de Taltal en el grado 25°26′.

Extracto del mapa de la América Meridional del geógrafo español Cano y Olmedilla de 1775.

La isla Salas y Gómez fue descubierta por José Salas Valdés en 1793 y explorada por José Manuel Gómez en 1805, y también era conocida por los rapanui quienes la llamaron Motu Motiro Hiva, por lo que siempre ha estado ligada a la Isla de Pascua, y al menos desde 1808 a Chile.

Todas las islas del Chile Insular (en rojo) forman parte del territorio heredado por Chile bajo el principio de uti possidetis iuris, por lo que su nula mención en 1904 en el tratado es porque nunca Bolivia las reclamó y nunca le han pertenecido o pertenecerán.

Plano del grupo de las islas San Félix y San Ambrosio levantado por la Oficialidad de la Goleta Covadonga, al mando del Capitán de la Armada de Chile Ramón Vidal Gormaz, en 1874.

Fuentes:

Marcos Moncada, Revista Arqueofuturismo

Compendio Insular. Islas del mundo de Oscar Rodríguez Díaz · 2016

Revista de marina Ediciones 809-811 · 1992